Un viejo libro de Pierre Loti  (India)

  Hace apenas unos meses, la Librería Anticuaria de Oviedo me envió un cuidado ejemplar de La India , de Pierre Loti:

«Siete u ocho días de camino quedan aún en medio de este azul radiante del cielo y del mar, antes de llegar al fin de mi viaje.

Con qué inquietud de no encontrar nada; con cuánto temor a las decepciones finales, voy hacia allá, hacia esa India, cuna del pensamiento humano y de la oración, no ya como antes, para hacer en ella una escala frívola, sino para pedir, esta vez, la paz a los depositarios de la sabiduría ariana, para suplicarles que, a falta de la inefable esperanza cristiana que en mí se ha desvanecido, me presten, al menos, su fe, más severa, en una prolongación indefinida de las almas…»

El viajero del s. XXI añora esas gestas inauditas: Pierre Loti escribe estas líneas mientras navega por las bíblicas aguas del Mar Rojo, camino del Golfo Pérsico y del Mar de Omán, hacia las costas del Gujarat. Hoy han bastado apenas ocho horas de vuelo desde París para que el grupo de 31 españoles que formamos esta expedición para pasar el Fin de Año en el Norte de la India  aterrice en el caótico aeropuerto de Nueva Delhi, dedicado a la desdichada Indira Gandhi. Además del de Air France dos aviones más acaban de depositar viajeros en la atestada terminal de llegadas, un Alitalia procedente de Milán y un Austrian Airlines desde Viena: calculo, a ojo de buen cubero, que unas setecientas personas intentan, de forma atropellada, rellenar el formulario de inmigración y abalanzarse sobre los mostradores donde serenos policías de paisano ni se inmutan. «Todo occidental que llega a la India si tiene paciencia, la pierde; y si no la tiene, la alcanza».

Son cuatro horas y media más que en España, así que escribo estas líneas cuando en Madrid rondan las once y media de la noche del día de San Esteban, y aquí ya son las cuatro de la madrugada del 27 de diciembre. Hemos llegado hace apenas dos horas al estupendo Le Méridien, ubicado en Windsor Place, muy cerca del Museo Nacional. Nos han recibido -¡a estas horas!- con caléndulas frescas, y todos descansan ya en sus habitaciones. Mañana visitaremos la impresionante Tumba de Humayun, el segundo Emperador Mogol, y las colecciones de la planta baja del Museo Nacional, antes de salir hacia el aeropuerto para tomar un corto vuelo local hacia las fronteras entre el Rajasthán y el Gujarat: la mítica ciudad de Udaipur.

Namasté.

Imágenes: María Camila Calle (@mccalle3)