LA PENÍNSULA MALAYA: PENANG, LA PERLA DE ORIENTE

Artículo disponible en formado audio narrado por Mikel González

En cualquier libro puede leerse que la historia de la moderna Penang apenas se remonta a 1786, cuando Sir Francis Light persuadió al Sultán de Kedah de que cediese «Pulau Pinang» -la Isla de las Nueces de Betel- a la Compañía Británica de las Indias Orientales. Llamada al principio Isla del Príncipe de Gales, sería base de un primer enclave bautizado Georgetown en honor al rey Jorge III. En 1880, el Sultán de Kedah cedió adicionalmente una lengua de tierra firme al otro lado del canal, denominada Butterworth. Así, la «Perla de Oriente» comprende la Isla de Penang (285 km²) y Seberang Perai en la península (760 km²), unidas por el mítico Puente de Penang –y uno nuevo todavía más impresionante- más un eficaz servicio de transbordadores.

Pero para mí, que solo había viajado a Penang en celuloide y cinemascope, ésta seguirá siendo la isla de tres parejas míticas: Deborah Kerr y Yul Brynner, Catherine Deneuve y Vincent Perez, Omar Sharif y Jane Seymour. Aquí se rodaron El Rey y yo por Walter Lang en 1956, Indochina por Regis Wargnier en 1993, y La llave de la libertad por Steve Feke y Eduardo Rostoff en 1988. Volver a ver las tres películas antes de pisar Penang es fundamental: disfrutar de la música de Rodgers y Hammerstein II mientras Deborah Kerr, en el papel de Ana, se traslada a Siam para dar clases particulares a los hijos del oscarizado rey, con esa impagable y celosísima Rita Moreno en el papel de Tuptim; sucumbir al épico dramón histórico, con triángulo amoroso incluido, que ganó el óscar a la mejor película extranjera en 1993, con una Catherine Deneuve sensacional en el papel de Eliane, una rica propietaria de plantaciones de caucho que vivirá el canto de cisne del colonialismo francés en la Indochina, actual Vietnam, de los años 30; escuchar la música que Francis Lai compuso para que luciesen todavía más si cabe en la pantalla Jane Seymour y Omar Sharif en esas «llaves de la libertad» que para los habitantes de Hong Kong eran los pasaportes norteamericanos en el momento de la inminente transición al dominio chino de la isla, en un peligroso mercado negro de salvoconductos controlado por los «señores de la guerra» locales.

El bellísimo templo del clan Khoo Kongsi, y su teatro de ópera china, sirvieron de escenario para El Rey y yo, basada en el éxito de Broadway Ana y el rey de Siam. En la mansión Cheong Fatt Tze se desarrollan muchos de los interiores de Indochina. Y las calles de Penang aún recuerdan el paso por estos lares, décadas atrás, de Omar Sharif. Ya en 1885, cuando los hermanos Sarkis construyeron el decadente Hotel Eastern & Oriental, ésta fue una perla oriental codiciada por los rich and famous. Mirando las aguas del canal, con la veranda del hotel a mis espaldas, imagino los fantasmas de Noel Coward, Douglas Fairbanks, Hermann Hesse, Rudyard Kipling y Somerset Maughan rondando por la barra del Farquhar´s Bar, buscando desesperadamente otro dry martini con que combatir el sofoco de este asfixiante calor húmedo.

Me acompaña un chófer-guía culto y simpático, el señor Lo. Juntos visitamos el Templo de las Serpientes, cuya divinidad tiene por siervas decenas de víboras que deambulan por el santuario y sus aledaños. Y el Templo Kek Lok Si, a las afueras del pueblo de Ayer Itam, que todas las mañanas celebra animado mercado popular en sus calles. Las donaciones para la construcción de este templo se hicieron en su día en Spanish silver dollars, nuestros españolísimos reales de a ocho, puestos en circulación por la Corona en Filipinas y muy populares en todo el Sudeste Asiático. Al fin y al cabo, eran monedones de plata y no meros títulos de papel: quien viaje a Yemen, a Etiopía o a Somalia todavía comprobará cómo por doquier se venden los táleros de plata de María Teresa de Habsburgo, moneda de cambio entre los comerciantes de la Península Arábiga y el Cuerno de África hasta no hace tanto tiempo…

Georgetown, la capital de la isla, es un crisol de culturas y religiones. Por doquier asoman templos chinos, shop-houses, santuarios hindús, mezquitas… Aquí vivió Sun Yat Sen, el padre de la China moderna. Una humilde casa-tienda sería la base desde la que el Dr. Sun Yat Sen realizaría entre 1909 y 1911 todos los esfuerzos posibles por modernizar China y convertirla en una república, ayudado por Penang en la tarea de recaudar fondos para provocar un levantamiento en su patria de origen. La casita aún puede visitarse, en una de las plazas más bellas y mejor conservadas de Penang, cerca de una de las aljamas históricas más veneradas.

De cuando en cuando, evoco algunas curiosidades que me contó el señor Lo esa mañana, frente a la imagen de Quan-jin, la Diosa de la Misericordia: «los chinos siempre quieren algo a cambio, incluso cuando rezan; fíjate en esas lámparas de cera que están comprando para ofrecérselas a la diosa, tienen forma de piña… y es que en chino, la palabra piña y la palabra buena suerte suenan igual; si encienden esas velas a Quan-jin, ella les devolverá buena suerte. Mira, vamos a acercarnos a la imagen de la Dama del Noveno Cielo. ¿Ves todas esas polveras, esos perfumes, collares y espejos? Las muchachas vienen a pedirle ser bellas. Pero cuando le dejan una cajita de polvos de arroz, se llevan otra ofrecida por quién sabe qué devota. Piensan que ya que le dan una a la divinidad, por qué no llevarse otra que por haber estado cerca suyo a buen seguro estará bendecida… Ah, y estos zapatitos: la Dama del Noveno Cielo tiene el poder de decidir el sexo del niño en el vientre de su madre. En chino, zapato y niño varón suenan igual. ¿Te das cuenta? Nada es gratuito: al regalarle zapatos a la diosa, realmente le están pidiendo a cambio un hijo varón».

Paseando por las calles de Penang, recuerdo ahora, vimos multitud de celosías cerámicas con forma de yuan, la antigua moneda china. Sirven para hacer circular el aire, pero simbólicamente ese aire traerá yuans a la casa. Nada es gratuito para un hokkien, los chinos de estos lares.

Y si, en Penang también se come de muerte. Los hawker stalls, los puestos callejeros de esta «Perla de Oriente» son famosos en toda Malasia.

Imágenes: Silvia SEVILLA | flickr.com/photos/silviasevilla